La Punta segun la Mirada de
Gabriel Sued | LA NACION
LA PUNTA, San Luis.Esta ciudad es distinta. Porque tiene un estadio de fútbol para 15.000 personas, donde jugaron Messi y Ronaldinho. Porque tiene una universidad con pabellones con forma de hangares gigantes, donde se enseña robótica y desarrollo de software. Porque tiene un estudio de cine equipado con la última tecnología, donde grabaron Norma Aleandro y Federico Luppi. Porque es el pueblo más joven de esta provincia, la única de todo el país en la que no ganó Cristina Kirchner.
Para buena parte de los vecinos de La Punta, la explicación del éxito electoral del gobernador Alberto Rodríguez Saá, que obtuvo aquí el 69 por ciento de los votos frente al 22 de la Presidenta, no reside en el estadio, usado muy de vez en cuando y casi nunca para partidos de relevancia. Tampoco en la universidad, a la que llaman así pese a que sólo otorga títulos terciarios no reconocidos por la Nación. Menos en el set de cine, deshabitado desde hace dos meses.
El secreto, coinciden, está en los barrios. Allí, las viviendas sociales, de estructura idéntica pero con mejoras que le fue haciendo cada familia, llegan hasta donde alcanza la vista. De colores pastel, todas tienen living, cocina, baño y dos dormitorios, y están equipadas con electricidad, gas de red, cloacas, agua potable y servicio de Wi-Fi, gratuito en toda la provincia. A cambio de una cuota fija de entre 60 y 90 pesos por mes, en un plan de 30 años, en esas casas vive el 95 por ciento de los 13.000 habitantes de La Punta.
La ciudad fue inaugurada de cero en diciembre de 2002 por el hoy senador Adolfo Rodríguez Saá, en un lugar en el que antes sólo había un monte. Está ubicada a 20 kilómetros de la capital provincial, donde trabaja y consume la mayor parte de los vecinos de La Punta.
Calificada por la oposición local como una gran puesta en escena para proyectar a la provincia hacia el resto del país, hoy tiene un centro pequeño, sin una actividad acorde con las autopistas siempre iluminadas y a las obras que la rodean, más destinadas a atraer al turismo que al goce de los habitantes locales. Ellos sí disfrutan a diario de calles en las que no se ven cables (todas las conexiones están bajo tierra), de esqueletos de árboles secos convertidos en esculturas de color lila y amarillo, y de estructuras de metales retorcidos que representan planetas, asteroides y cometas.
"Apostar por San Luis fue lo más acertado que hicimos", dice Sandra Carreras, ama de casa de 37 años y madre de seis hijos, mientras barre la entrada de su casa, en el barrio Lafinur. Cuenta que llegó a esta ciudad en marzo de 2002, desde San Rafael, Mendoza, con su marido, los chicos, bolsos con ropa y dos colchones. Habían perdido la casa y un negocio como consecuencia de la crisis. Dos días después de haber llegado, los dos habían conseguido trabajo. Hoy, son dueños de un quiosco y de dos minimercados. "Mis hijos estudian, el gobierno provincial les subsidia los boletos y cuando pasan de año les dan estampillas que después pueden cambiar por plata", agrega, mientras le acaricia la cabeza a León, el menor, que mira como hipnotizado el girar de una mezcladora.
Dante Monla, el albañil que les está construyendo una rampa de cemento para el auto, cuenta una historia con parecidos. "Acá se vive bien. En mi casa tengo cuatro computadoras, tres que les dio a mis hijos el gobierno provincial y una que compramos nosotros", detalla, con el lomo arrebatado por el sol. Dice que, antes de dedicarse a la albañilería, él y su mujer trabajaron como agentes de seguridad comunitaria, en el Plan de Inclusión Social.
Lanzado en 2003, ese programa albergó hasta a 50.000 personas y le permitió al gobierno provincial alcanzar (y mantener hasta hoy) uno de los índices de desocupación más bajos de la Argentina (del 2,3%). En la actualidad, tiene unos 14.000 beneficiarios, que trabajan seis horas diarias, en tareas que les asigna el gobierno provincial, como ser guía del estadio de fútbol o desmalezar los costados de las rutas. Todo a cambio de 700 pesos.
El intendente Darío Rosas Curi, un abogado que en 2007 ganó las primeras elecciones del municipio y que ahora busca su reelección, sostiene que los testimonios de los vecinos son la mejor demostración del éxito del "modelo San Luis", marca registrada de los hermanos Rodríguez Saá, en el poder desde 1983. "Todo se basa en una administración eficiente, que se replica en los municipios. Por ley, los empleados públicos no pueden superar el 3 por ciento de la población y al menos la mitad del presupuesto debe destinarse a obras", argumenta, en la inauguración de un tramo de autopista que lleva a otra de las maravillas del lugar, una réplica en tamaño real del Cabildo, con su propia Pirámide de Mayo.

















